Aprender a identificar las diferencias entre la sensación de hambre real y la ansiedad por comer, ayudará a mejorar la conducta alimentaria, ya que optimiza los recursos para lidiar con los estados de ánimo.
Cómo identificamos el hambre real y el hambre emocional
En primer lugar, sabemos que sentimos hambre real, cuando es la hora que tenemos establecida para comer, cenar, desayunar…, es decir, son horarios fijos, los cuales, hemos adaptado a nuestras costumbres diarias, por lo tanto, es cuando nuestro organismo activa la sensación de hambre para obtener los nutrientes necesarios para su actividad.
Además, cuando hay hambre real, generalmente escogemos alimentos nutritivos para saciarlo y, por consiguiente, tenemos en cuenta el consumo de los distintos grupos nutricionales.
Por otro lado, cuando el hambre es emocional, tendemos a desear dulces, salados y comida rápida, chuches etc., que, a diferencia del hambre real, se suelen desear fuera de las horas establecidas, y no se tiene en cuenta la distribución de nutrientes.
Hambre emocional y ansiedad ¿es lo mismo?
La sensación de ansiedad se siente debido a motivos emocionales, que deriva hacia una conducta no saludable, la cual, puede manifestarse con distintas conductas, tales como, la bebida, la agresividad hacia otras personas, el juego, el sexo…
Cuando la ansiedad se manifiesta en forma de sensación de hambre, y esta dispara la conducta alimentaria, entonces hablamos de hambre emocional.

¿Qué causa el hambre emocional?
Para empezar, el hambre emocional se vincula a emociones desagradables, como son: el miedo, la culpa, el enfado, la frustración… que son causa y consecuencia de la conducta alimentaria.
Estas emociones influyen a la autoestima, que se construye o destruye en función de cómo te sientes contigo misma y con tu entorno, además de cómo te sientes tratada, aceptada o rechazada por los demás.
Un tercer motivo para que exista hambre emocional son las malas costumbres adquiridas a lo largo de la vida, como son el comer por costumbre de bocata, comer a deshoras, comer desequilibrado, los refinados, los fritos, comer demasiado, etc.
Aunque no se habla mucho de la desidia, es otro detonante, puesto que el hecho de no darle importancia a cuidar de lo que comes, a cocinarlo, a dedicarte tiempo para prepararte comida con amor, acaba por hacer que comas sin criterio.
Podemos añadir que, las tradiciones son grandes saboteadoras de la buena conducta alimentaria, e inducen al hambre emocional, dado que vinculan la fiesta y la alegría al consumo de ciertos alimentos, si tenemos en cuenta de que son múltiples las fiestas a lo largo del año, celebradas con comida muy dulce y grasas poco saludables.
Y en el día a día, encontramos también muchas presiones sociales que nos invitan a consumir comida que no escogeríamos en ese momento. Sin embargo, el querer quedar bien, sentirte parte del grupo, no ofender, o bien, porque es lo que se hace siempre, por no tener que dar explicaciones, o incluso, para que no te digan eso de: «¿Qué estás a dieta?» acabas aceptando.
El estrés: el gran aliado del hambre emocional y la ansiedad
El estrés provoca cambios hormonales y emociones desagradables que llevan a sentir hambre emocional y ansiedad por la comida, por lo que el organismo buscará la forma de volver a equilibrarlas. En la búsqueda de recuperar sensaciones agradables y placenteras, lo equilibrará en forma de recompensa.
Una de estas recompensas suele ser la comida.
Cómo podemos combatirlo
Una vez identificamos los motivos que nos provocan hambre emocional, lo más importante es gestionar estos motivos, si se puede.
Al mismo tiempo, podemos resolver el hambre emocional utilizando recursos que nos ayuden a, o bien, evitar que aparezca, o bien conseguir distraer la mente para que desaparezca.
Según en qué situación se dispara, se podrán utilizar unos recursos u otros. Al ser un proceso que requiere una atención personal e individual, es importante solicitar la ayuda de una dietista y coach profesional para buscar la forma de gestionarlo.
Sin embargo, es importante destacar que hay actividades que mejoran el estado de ánimo y enriquecen a la persona con mejores emociones.
Realizar deporte, actividades creativas o reuniones en sociedad en el ámbito cultural, en definitiva, cualquier actividad que estimule a la persona a generar un estado de bienestar, será fundamental para vencer el hambre emocional.
Lee también el artículo «El buen hábito de la actividad física».
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